jueves, 30 de septiembre de 2010

A BORDO

Hace poco, en un vuelo A Coruña – Madrid se sentó a mi lado una pareja de unos 60 -65 años.  Tenían vuelo a Málaga y paraban en Madrid para transbordo.

Me llamó la atención que en el momento del despegue él le cogió la mano y así juntitos vivieron el momento. Yo, que cada vez le tengo más miedo a los despegues gracias al incidente de Spanair en Barajas y a algo que me comentó mi amigo C, ingeniero aeronáutico, me dio envidia de la buena aquel gesto.

Luego, a mitad de camino  atravesamos turbulencias, otra vez la mano y cuando se me bajaron los colores en una sacudida, los dos con su carita de buenos, me preguntaron si estaba bien o mareada. Eran tan dulces, estaban tan juntitos y eso los hacía uno, los hacía valientes.

La vida, como los vuelos, es  más fácil con un compañero al lado. Ése que te coja de la mano en los momentos de despegue, turbulencia o aterrizaje. Siempre he sido muy independiente, y tengo ya muuuuuchas horas de vuelo, pero no puedo negar la necesidad de alguien así que esté a mi lado… A BORDO.

2 comentarios:

Paola Gutiérrez Velandia dijo...

Muy bonito! Siempre es necesario un buen copiloto para asegurar que en un vuelo de largo alcance, se podrán sortear las adversidades, ir a buen rumbo y volar sin pensar en el destino al buscas llegar.

abzos

Vane G. dijo...

Sí, definitivamente un miedo compartido pesa mucho menos.
Yo estoy segura que esa persona para ti está allí afuera. Y que se encontrarán para continuar el viaje de la mano.
Un beso